El día que me crucé a mi mismo

Siempre hablamos de que viajando podes encontrar tu propio yo, convivir con vos y demás. Entre toda la gente que cruzas en viaje, podes encontrar mayor o menor afinidad, más o menos historias y crear amistades que perduren en el tiempo.
A veces no conectas o simplemente estas con la cabeza en otra cosa. Las caras pasan y no sabes que hacen ahí o porque se cruzan con vos. Muchas otras, podes analizarlo un poco mas y pensar a fondo que te llevo a ese cruce, como llegaste y por qué. Un dia en España viajando a dedo me pregunte eso ¿Será que me crucé a mi mismo?

Fue una charla como cualquier otra con alguien que quería viajar, pero que a mi me sirvió para ver otro escenario posible. Qué hubiera sido de mi si elegía la estabilidad,  intentar una vida de “normalidad” y pasar los años aceptando sin haberlo intentado, sin arriesgarme.

cuando me cruce a mi mismo
Revisando el mapa en Surinam

De Madrid a Barcelona

Mi plan de viaje me llevaba de Madrid a Barcelona. Salí tarde de la capital y al no encontrar nadie que me lleve largo quedé en un pueblo apenas afuera. El último que me llevó en la tarde, insistió con entrar en un pueblo, salir de ahí según el iba a resultar más fácil. Claro que no fue así y a pesar de verme viajando a dedo su otra opción era que me tome un tren, opción que claramente no estaba entre mis planes.

Casi obligado a seguir viaje a la mañana siguiente, sin demasiadas preguntas me ocupe de caminar a las afueras y buscar donde dormir. Ya era de noche pero la luna se ocupaba de dar luz, así que acomode mi carpa por ahí, y a dormir a  un costado de la autopista.

La noche pasó y me levanté tranquilo. Hacía frío y me tomé mi tiempo para desarmar y levantar las cosas. Estar cerca de la ruta me avisaba que cuando termine, simplemente era cuestión de caminar unos metros y pararme ahí.

Ya estaba en mi puesto y mi pasaje no tardó más de 5 minutos en llegar.

No se si fue el primero o si pasó más de uno, pero me hizo un gesto que conocía: cara de “te llevaría pero…” lo putee por dentro, cuando me di vuelta había frenado.

Me dijo que no iba a avanzar mucho, por eso no tenía tanto sentido que me lleve pero reflexionó, entre el frío y otras cosas paró.

Uno entre tantos otros

El tipo era muy serio y parecía que nuestra charla no iba ponerse interesante en lo más mínimo.
Íbamos escuchando la radio, daban el pronóstico  y la temperatura.

“Hizo frío anoche, ¿Dónde dormiste?”

Le expliqué que dormí ahí donde me había levantado y me miró con cara de que estaba loco.

Y así empezamos. Me explicó que normalmente no frenaba por muchas cosas, la seguridad, los desconocidos y casi siempre iba con el tiempo justo. Pero esta vez había salido un poco antes y no le costaba nada.
Me mostró la hora y me dijo que seguramente a mi no me preocupaba tanto como a el que tenía que estar en Guadalajara antes de las 10.

“Venía escuchando en la radio alguien que hablaba de viajes no tan convencionales, de arriesgarse a salir y listo, por casualidad te vi parado ahí en la ruta, tengo que frenar”

Me preguntó a dónde iba, mi camino era Barcelona pero después no tenía ni idea.

Le conté de mi viaje cuales venían siendo mis planes, como me arreglaba, de otros viajeros y gente que iba conociendo a lo largo de este tiempo viajando a dedo.

“Yo cada año me voy al camino de santiago, unos días solo. Porque necesito despejarme y sentir que voy libre por ahí. Pero ahora que te veo viajando asi, eso si que es andar libre”

En eso vinieron de su parte unas breves explicaciones de responsabilidad, la edad, el trabajo, los hijos, la casa…

Hablando de libertad y casualidades, le comente de una mujer que me habia llevado en Guyana francesa después de renunciar a su trabajo. Fue maestra durante 25 años y no sabía que iba a hacer con su vida pero que no le interesaba en ese momento. Ella leía un libro de alguien que viajaba sin dinero y ese personaje en ese momento era yo. Como ahora, el me veía como un loco libre que andaba viajando a dedo por ahí.

La charla justa

Entre risa y sorpresa me dijo que mire atrás. Me di vuelta y en el asiento había un maletín y unos cuadernos.
Era profesor en la universidad, jefe de una cátedra de ciencias y siempre en ese tramo al trabajo se hacía la misma pregunta ¿Qué estoy haciendo acá?

La conversación giraba completamente hacia otro lado y en modo confesión me dijo que todos los dias se lo planteaba. Quería dejarlo todo y salir de viaje. Andar sin tiempo, meses sin preguntarse nada. En una casa rodante o preparar una camioneta y simplemente salir.

Su seriedad había cambiado, Guadalajara estaba cerca pero ahora no le importaba tanto. Íbamos a avanzar un poco más y hacía tiempo para volver.

Me preguntó cuantos años tenia y me dijo que valiente era mi espíritu, que andar de viaje era la mejor decisión que podía tomar. Seguido me contó su historia.

cuando me cruce a mi mismo
Viajando a dedo por España

Su historia

Cuando tenía mi edad. Se acababa de recibir y tenía la posibilidad de irse a África con una fundación a enseñar.
Era lo que quería hacer, pero tenía novia. Sabía que esa era una decisión de vida y no estaba seguro con que se iba a encontrar. Tenía hasta los pasajes comprados.

Quería viajar pero sus frenos los ponian  todas estas “presiones sociales” las mismas que cortan alas ahora también.
Sin convencerse del todo eligió la otra ruta. La de la seguridad, la estabilidad y la felicidad comprada. La de compararse y competir con los demás a ver a quien le va mejor.
Después se casó, vinieron los hijos y ya está. Las responsabilidades son otras y se encontraba en la misma rutina desde hacía un buen rato.

Obviamente que no ponía en duda todo lo que tenía en su vida pero sabía que quería hacer otras cosas, aunque en otro tiempo. Y ese era su mayor cuestionamiento.

cuando me cruce a mi mismo
Una vidriera en Lovaina, Belgica ¿tanto llevamos?

Charlas de viaje

Llegamos a un parador, me invitó a desayunar y hablamos un poco más.
La hora ya no le preocupaba y había encontrado un cómplice bastante acorde para compartir sus ideas, justo a mi que hablar no me cuesta tanto.
El tiempo voló, pero el quería que le siga contando, países, lugares, gente y me miraba asombrado.

Hablamos de viajar solos, reflexionamos sobre las amistades, disfrutar, las alegrías, el tiempo.

Pensé en los roles, la importancia de la gente cuando está en su lugar. Si ese era un examen, probablemente yo hubiese muerto aplastado por preguntas largando unas pocas palabras.

Pero en mi mesa ahora esos roles no importaban. No importaban los títulos ni todo lo que tuvieses en tu vida, que tan importante sos, lo que te digan o te hayan dicho. Estabamos mano a mano y hablábamos de lo que queríamos. Sin etiquetas ni niveles.

El estaba seguro de lo que quería hacer, pero le costaba asumirlo. Tomar una decisión y romper con su realidad. Creía que su tiempo había pasado.

Por mi parte, yo lo incentivaba. Le recomendé un par de libros, algunos blogs de viajes mientras tomaba nota como si fuera un chico.

En mi mesa ahora esos roles no importaban. No importaban los títulos ni todo lo que tuvieses en tu vida, que tan importante sos, lo que te digan o te hayan dicho. Estabamos mano a mano y hablábamos de lo que queríamos. Sin etiquetas ni niveles.

Verme a mi mismo

Ahi vi el espejo, así como supongo (o me gusta hacerme la idea y suponerlo) que él se reconoció en mi. Ambos con la misma pregunta

¿Que hubiese sido si elegía otra cosa, si iba por el otro camino?

cuando me cruce a mi mismo
Reflexionando en Colombia

Rápidamente ese reflejo me vino a la mente. Me transporte a horas de charlas, preguntas a mi mismo de si debía o no irme de viaje. Que dejaba, el tiempo perdido, responsabilidades y “que vas a hacer”, también a preguntarme como iba a resultar, que vendría, que iba a pasar.

Y me ví tomando el otro camino, iba al futuro andando esa ruta por la que los otros te quieren llevar.

Pero en 20 años, después (con suerte) me veía con todas esas ganas de irme. Igual que antes…

Los mismos cuestionamientos, con una vida que probablemente estuviera bien, pero que sabía que no era la que quería.

Me encontraba yendo adelante en el tiempo y escuchando mis mismas palabras.

Sentia que estaba hablandome, que me encontre a mi mismo ahí. Coincidimos y estaba tomándome un café enfrente mio.

Estar donde queres

Sabía muy bien que yo estaba donde quería, haciendo lo que quería y que eso era gracias a la determinación y al momento en que había elegido hacerlo. Del otro lado veía a alguien que había sido víctima de los condicionamientos y cuestionamientos que hay que cortar a tiempo. Mucho tiempo después esas ganas internas no solo no desaparecían sino que estaban más vivas que nunca.

Como si manejara el tiempo todo se veía más claro, me veía a mi mismo sentado del otro lado y más que nunca sentía una satisfacción inmensa de mis decisiones. Viajar, vivir viajando y seguir así.

La charla terminó y fui a buscar mi mochila al auto. Nos saludamos, me prometió que iba a leer lo que le había sugerido. Y me dijo que seguramente algún día nos encontraremos por ahí en la ruta.

cuando me cruce a mi mismo
En Noruega

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3 Responses

  • Tuve la oportunidad de conocerte en Turquía y me hiciste dar cuenta que aún estoy a tiempo de emprender mi viaje sin itinerarios, que puedo dejarlo todo y volver a empezar.
    Me hiciste dar cuenta que sí se quiere se puede!

    • Siempre estamos a tiempo! y claro que se puede, como dice el dicho, abajo lo viejo…
      Gracias por el comentario! Saludos y tal vez nos volvamos a cruzar!

  • Que suerte que pudiste elegir la Libertad. No todo el mundo puede, tal vez por los condicionamientos. Pero me siento feliz de haber sido parte importante de de esa decisión. O tal vez heredaste un gen aventurero de vaya a saber quien o quizás fue de mi, que me emocionaba de niña mirando ese personaje de David Carradine viajando solo por los caminos, con una mochila al hombro, yendo hacia ningún lugar, solo hacia adelante. Pero yo también aprendí que la libertad es renunciar y dejar ir…

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