Más de una vuelta por Europa

Parece ayer y cada vez que lo piense va a ser igual. Cuando miramos el mapa y caemos en la cuenta que tenemos en nuestra recorrida mas de una vuelta por Europa a dedo. El tiempo pasó, las cosas también pasan y así sigue, todo se mueve y se mueve rápido.
Desde que hice click y tuve los pasajes estando en Colombia, hasta siempre.

Cuando te encontrás planeando un viaje entre todas las indecisiones, muchos tienen el compromiso del ida y vuelta. Ese “a ver que pasa” “capaz volvemos, capaz no…”
¿Qué hay si las ganas de quedarse son más fuertes o si algún imprevisto te invita a quedarte?
Llegar para no saber, eso constantemente pasa.
Yo tenia la misma idea, llegue a Europa con 60 días entre mis tickets. Y me alegra decir que al día de hoy ya han pasado 14 meses improvisando, vueltas, idas y muchas historias.

Entre tantas cosas lo que siempre esta son las dudas. Dudas de tiempo, de poder, de cómo. Tal vez leyendo esta pequeña historia de como nos fue a nosotros en este ultimo tiempo puedas pensar y ver esas dudas de manera distinta y quien te dice, en una de esas, te sumas al grupo de los que salen sin pasaje de vuelta.

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Alguno de nuestros mapas con el recorrido. Una vuelta por Europa

Puntos de partida

Si tengo que empezar en algún punto lo primero para decir es que nunca me había subido a un avión y si bien ya estaba en sintonía de viaje y tenia asumido eso de estar lejos y vivir moviendome, había muchas cosas que sabia, iban a ser diferentes. Las diferencias entre viajar en Europa y viajar en Sudamérica están y a eso me iba a enfrentar. Lo bueno fue que el cambio constante, como tanto otro pasó a ser de lo más normal.

Mi ticket era a Lisboa y tenía una pequeña lógica. Quería visitar Portugal, pero sabía que si iba a cualquier otro destino Portugal quedaba a trasmano y no iba a volver.
Asi fue que llegue a Lisboa con ropa de  otoño/invierno en Octubre y hacía casi 30 grados. El camino siguió lentamente, iba a ir al norte de España pero termine en Andalucía.

Por España planeaba un paso rápido que sin querer se estiró. En mi ideal, mi mente y mis planes no quería ciudades grandes y no me importaban las capitales, mi viaje por Europa tenía que ser más auténtico y rebuscado… encontrar los rincones olvidados.

Termine visitando amigos en Madrid y siguiendo a Barcelona mientras mis planes simplemente se dedicaban a cambiar constantemente.

Pase rumbo a Francia, donde lo único que sabía era que no iba a ir a París.
Hice un recorrido por la costa atlántica con la maravilla del clima, lluvia y viento.
Termine, como se puede suponer, en París, y tengo la obligación de decir que es una de las mejores ciudades en las que estuve.

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¿Por qué no ir a París?

Despues de Paris la idea pasó a ser viajar por Irlanda y el Reino Unido, pero el plan se vio una vez más obligado a cambiar…
Fui desde París a Dublín y mi entrada tuvo también fecha de salida, por lo que una vez en Irlanda tuve que decidir a dónde iba a ir después.

Dejar pasar

En una de las peores tardes que recuerdo me senté con el teléfono en la mano y busque vuelos.
Mis parametros de busqueda eran los siguientes: el más barato lo más lejos posible. La respuesta fue Rumania, a pasar el invierno. Contacte workaway y ese era mi camino. 

Di rápido vuelta la página sabiendo que las cosas pasan y después de unas tardes en Temple Bar me dedique a dar una vuelta en Irlanda e Irlanda del norte, por rutas y caminos de película. Tome mucha cerveza y me amigue con lo gris que la verdad, no fue tanto.

Moverse con el frio

Mi pasaje de salida de Irlanda me llevaba a Bélgica, tenia 12 dias antes de volar de nuevo al este. Tuve mis encuentros con tierras holandesas y germanas y muy de golpe ya empezaba a entender lo que es el frío en Europa.

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A dedo en el frío, entre Holanda y Bélgica

El contacto en Rumanía se pinchó por alguna razón, ¿tal vez la confianza rumana? dejaron de contestarme los mensajes y ahora tenía un pasaje a Rumania pero ningún lugar a donde caer. Contacte otro Hostel en Serbia y así fue que termine en Belgrado el 31 de diciembre a la tarde.

Nuevos planes

Ahí pasé dos años nuevos, porque en Serbia se usan dos calendarios, noticia ¿no? Y de paso estuve el invierno sin subir de 0 grados y hasta -20.
Desde Serbia empezamos a pensar de a dos.

Con Sanja fuimos a Bosnia. Aunque está fragmentado completamente, fue el primer país musulmán en el que estuve.
Después de Serbia, otra vez sin rumbos, seguí solo para el sur.

Moviendo por el este

Estuve en Macedonia. Pase por Skopje una de las ciudades más raras que vi en mi vida, sin exagerar. Recorrí Macedonia, sus montañas. Una vuelta alrededor del lago Ohrid y llegue a la frontera con Albania. Por ahí seguía mi recorrido.
Tras algunos sobresaltos, confirmaciones y algunas lecciones, sobreviví a Albania. Pase mi cumpleaños 28 en Sarande y volví a “subir”.
En Montenegro nos encontramos con Sanja y empezamos a ver como podía ser nuestro camino de a dos… costó un poco.
Ella volvió a Serbia y yo continué por la costa Croata.
Entré con un turco en Croacia y fui desde Dubrovnik hasta Zadar, para después pasar un mes en Zagreb.

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Acampando en Kotor, Montenegro

De Zagreb a Málaga

Ahí arrancamos distinto. Desde Zagreb Empezamos de nuevo, pero ahora éramos dos.
Nos volvimos a encontrar y empezabamos.

Un camino nuevo, donde planear iba a salir como antes. Sabido: lo que planeas mucho puede no salir como se espera.
Nuestra idea ahora era ir al sur de España por el verano y ver si encontrábamos un trabajo o algo que hacer por ahí.

En nuestro camino de ida estaba Eslovenia, aunque planeamos frenar en Ljubljana pasamos de largo. Siguió Italia donde paramos en Venecia y nos castigamos un poco al sol tratando de querer convencernos que hacer dedo ahí no era tan difícil.
Nos rescato un poco la amabilidad del sur de Francia y otra vez llegamos a Barcelona.

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Esperando que alguien nos saque de Italia

Cuando el camino no te da

A pesar de movernos medianamente rápido nada funcionaba y el camino se empeñaba en mandarnos para otro lado.
Esas primeras semanas nos vimos dando vueltas en la costa de Andalucía cocinandonos al sol y sin saber para donde salir. Terminamos casi un mes en Granada, disfrutando de unos históricos 46 grados.
Acá nos atacaba la realidad, habíamos viajado unos 3000 km al sur de Europa, estábamos en el sur de España, lejos de todo y no teníamos los resultados que esperábamos.

Ahí sentados en la cocina de un hostel y con pocos euros a disposición, por no decir casi ninguno, pensamos a dónde ir.

¿Y si en lugar de pensar hacemos?

Ahí está la diferencia. Le pregunté a Sanja a donde quería ir. Así, sin más,

“Marcá un lugar del mapa y ahí nos vamos, ya fue”.

“¿Donde sea? Al norte, Dinamarca o Suecia”.

Imprimimos unos mapas en papel y empezábamos a ver que tan desequilibrado era ese plan, trazabamos líneas con lápiz entre países y nos reíamos dándonos cuenta que nada tenía sentido. Convenciendo a Sanja de a poco y alejando algunos fantasmas decidimos:

“Nos vamos a Noruega y punto. Ya veremos como nos va”

Después de un poquito de plan y dejar nuestras líneas en el mapa a disposición, marcamos opciones. Sólo elegimos direcciones y alineamos un poquito el rumbo con una sola meta, ver si llegábamos a Stavanger en Noruega.

Si te interesa, podes leer:  Aprender a cambiar el ritmo. Udabno, Georgia

Desde Granada a Noruega

Salimos desde Granada en dirección Madrid y en menos de 48 horas ya estábamos moviéndonos por Francia.
El camino nos daba otras señales y todo se hacía más fácil. Otra historia, todo fluía y nuestra ruta nos facilitaba las cosas.
Atravesamos Francia. Paramos en la mágica Gante en Bélgica, seguimos por Ámsterdam en Holanda y nos encontramos sin querer en la fiesta del orgullo.
Holanda y Bélgica nos amigaban con viajar a dedo de nuevo. Si dudas un poco de que es posible solamente inténtalo ahi y te vas a convencer de que si.

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Amsterdam. Una fiesta

Aunque era pleno verano el clima nos avisaba en qué latitudes estábamos. Lloviznas y viento sumados a alguna que otra aparición del sol nos recordaban en qué punto del mapa andaban nuestros pasos y a que llaman verano en algunos lugares.
Seguimos por el norte de Alemania en dirección Hamburgo y seguimos para Dinamarca con casi la mitad de nuestro flexible plan andado.

Mitad de camino

Llegar en 12 días sin alocarnos a Copenhague era una pequeña meta intermedia que nos daba ventanas de opciones. Seguir subiendo o bajar. Así que seguimos, al norte.
A nuestra visa de turista le quedaba menos de la mitad de los días, debíamos aprovechar.

Cruzamos Suecia,  otro de los que tiene mala fama para hacer dedo y también lo comprobamos. Escuchamos gente decir que es inseguro… no, no es chiste.

Entramos en Noruega, estábamos encaminados. Las facilidades para acampar en cualquier parte hacía que los precios no nos espanten tanto y nos movimos casi sin gastos. Rutas y paisajes increíbles y gente con una amabilidad envidiable, además de su pasividad y simpatía. Saben el país en el que les toca vivir y se nota. Casi sin querer terminamos en la puerta de nuestro destino “Preikestolen” ahí estábamos, donde queríamos.

¿Y despues?

Sentados ahí fue que nos hicimos un pequeño planteo.
“Llegamos. Y ahora, ¿A dónde vamos?”

Si te interesa, podes leer:  Preikestolen. A dedo por los fiordos noruegos
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Aca nos dejaron, en la puerta de nuestro destino

Fue difícil decidir, primero por que no teniamos a donde ir. Pero mas en serio y sobre todo, porque teníamos la seguridad de que podíamos ir a donde quisiéramos.
Teníamos eso en mente, Sanja ya pensaba más libre y veía que mis ideas no eran tan locas, lo estabamos comprobando.

Estábamos parados en Noruega, mirando al precipicio y aunque parecía que no había nada para abajo, a nosotros eso nos daba miles de opciones.
El clima nos trato particularmente bien, nada de niebla, casi nada de lluvias  en un verano que es más invierno que el invierno mismo.
Habiamos empezado a dejar que el camino nos lleve, dejar de organizar y planear tanto. Hacerle un poco más de caso al viento y a ese que sea lo que sea y teníamos nuestras recompensas.
Decidimos no seguir al norte por cuestiones de tiempo y clima, nos había salido bien y no era necesario jugarsela tanto más.
Empezamos a bajar y nuestro rumbo era el este nuevamente.

De vuelta al sur

Una vez mas, el camino se complicaba un poco, como si Noruega no nos quisiera largar. ¿O seria que nos trató tan bien que ahora las comparaciones resultaban más que odiosas?
Nos costó Suecia y también Dinamarca, pero nos movimos.

Íbamos con un predicador de apocalipsis a Berlín. Nos había encontrado en la ruta por alguna casualidad divina y nos llevó. Aunque no sabíamos si íbamos a llegar a tiempo antes de que los jinetes y algún cataclismo se ocupe de destruir la ciudad y todo lo que hay en el mundo. Nosotros llegamos sanos y salvos y Berlín, la puerta y lo que queda del muro seguía ahí.

Nuestra ruta fue a Polonia. Nos alimentamos a nuestro gusto en Cracovia y fuimos a Auschwitz.

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En Polonia

Paseamos por Eslovaquia y aprendimos un poco de su tierra y su gente. Seguimos a Hungría, la increíble Budapest y después de un stop técnico en Belgrado Íbamos a Turquía.
Sin tener idea solo con lo escuchado, lo leído y los comentarios. Teníamos expectativas bastante encontradas.
Cruzamos Bulgaria y llegamos a Estambul, donde estuvimos dos meses.
En ese tiempo nos ocupamos de despejar unas cuantas dudas con las que arribamos a la ciudad.

¿Y ahora?

Volvimos a Serbia en un tiempo record y acá esperamos un mes antes de organizarnos y salir de nuevo.
Nunca supimos bien como iba a resultar, pero ese es un paso que ya salteamos.
Hace tiempo dejamos de pensar en que un destino es difícil o peor que otro. Y siempre vamos con certezas de que lo que vamos a encontrarnos vale la pena.

A veces hay que hacer balances. En este momento llevamos un buen rato de viaje y podemos decir que cumplimos alguna etapa a través de nuestros pasos. Sabemos que no fue facil y algunas veces nos costo mas que otras.
Pero ahora podemos sentarnos mirar y ver que recorrimos más de 10000 km a dedo alrededor de Europa. En todo tipo de vehículos, conociendo mucha gente, juntando historias y visitando lugares increíbles en los que cualquiera quisiera estar.
Cuando lo pensamos es difícil de comprender y ver en que estamos y a lo que nos animamos.
De una punta a la otra del continente, nos hemos arreglado. En diferentes países, con distintos idiomas y costumbres.
Y claro que todavia nos quedan muchisimos mas lugares por visitar.
Mochilas, carpa y así es que pensamos seguir. 

A la hora de hacer un balance, sin dudas, todo esto es bastante más que un pasaje de vuelta.

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Y ahora, ¿A dónde?

 

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