A dedo por Sudamerica

El siguiente es un pequeño resumen de un viaje de más de 20000 km a dedo a través de 11 países, durante 10 meses de viaje. Una vuelta por América del sur. Entre octubre de 2015 y julio de 2016. El presupuesto inicial fue menos de 400 dólares, 380 para ser más exactos y algunos pesos Argentinos.

Si hacemos una cuenta rápida eso da menos de 2 dólares por día.
Creo que pudo hasta haber sido menos pero… tuve alguna semana puramente de turista, en Colombia.

Recibiendo tantos tipos de ayuda como imaginen, se hizo posible.

A dedo por el sur
Mochileando en el sur argentino

Datos generales de este viaje a dedo

Casi la totalidad de este viaje fue a dedo. Sobre todo la “vuelta” incluido lo casi imposible: los ferrys con aduana incluida de Guyana a Surinam y el barco por el Río Amazonas. Solamente use colectivos en una parte de Perú (donde se me hizo imposible que alguien me lleve) de Medellín a Cartagena (el precio era razonable y era un colectivo nocturno) y para salir de Caracas a Ciudad Bolívar en Venezuela. Ese, realmente fue más porque ya no confiaba en nada que estuviera cerca mío por ahí. Tenía la idea metida en la cabeza aunque no pasara nada y me sentí más seguro saliendo en colectivo.

A lo largo de este camino

Hubo montañas, lagos, nieve, lluvia, desiertos, glaciares, mar, rio, playa y selva. Mucho calor y mucho frío también. Además de grandes mosquitos, multipliquemos la palabra grande. Si, así.

Fui voluntario en Hostels y nunca use Couchsurfing. Vendí trufas, fotos y algunas pulseras en macramé.

Nunca faltó quien me lleve aunque sea 200 metros. Desde autos y carros destruidos a camionetas recién salidas de la concesionaria. No faltó qué comer ni donde dormir y tampoco con quien compartir. Dormí en camas, colchones, pisos, hostels y hoteles, vehículos, cuarteles de bomberos y estaciones de servicio. Siempre bien recibido.

Fui mochilero, turista, de a ratos un poco hippie y hasta casi mendigo. Despues de esto, puedo asegurar que cada uno viaja de acuerdo a su momento y de la manera que mejor le queda.

Aprendí y me confirmé muchas cosas. Aprendí a extrañar, a saber que mucho de lo que se tiene fácil no se valora. Abandoné prejuicios y falsas ideas que se tienen de los lugares y la gente. Aprendí que el que menos tiene suele ser el que más te ayuda y también que “comprar autoestima” nunca nos va a garantizar ser felices. Hoy, tengo “familia” y amigos en lugares inimaginables.


Mas adelante vamos a ir agregando cada una de las historias de estos lugares, paciencia.


El comienzo

En Octubre del año 2015 me fui un fin de semana largo a Iguazú, a conocer las Cataratas.

Nunca había estado y desde hacia rato quería ir. Todo el mundo hablaba y como siempre, cualquiera que me encontraba en viaje conocia más del propio país que uno mismo.

El día de empleados de comercio se nos movía una semana y nos quedaban dos fines de semana libres, mientras tanto, todo el tiempo me levantaba con eso de “en breve renuncio y me voy por ahí”.
Hablé con mi hermana y decidimos. Viernes a la tarde noche pasaba por Rosario y de ahí salimos. Unas 15 horas, casi 1700 km… vamos.
Después de trabajar, me paso a buscar. Pase por el departamento y arme una mochila chiquita. En ese momento era una estupidez, pero me dije a mi mismo que si armaba mi mochila y me llevaba más de lo que necesitaba para un fin de semana probablemente en ese auto sobrara un lugar a la vuelta.

El fin de semana salió más que redondo, conocí gente de todos lados como suele pasar cuando uno va a un hostel. Paso lo que no debía, o en realidad lo que debía pasar y era impostergable: Sentía que estaba donde quería, no tenia ganas de volver, ni de alejarme de ahí.
El fin de semana terminó.

Llegó el lunes, y en una de tantas charlas terminamos preguntando para donde se iba cada uno después. Cada quien seguía sus caminos, semanas, meses de andar y del mismo plan: Seguir en viaje.
Cuando me tocó responder y responderme a mi esa pregunta, la respuesta era más que clara. Aunque la que se escuchó fue otra: “Nosotros volvemos, mañana tengo que ir a trabajar” dije. 1700 km para el sur, no me hacían nada de gracia.

Camino de vuelta, mi hermana se perdió. Nos metimos en Esteros del Iberá con lluvia y sin nafta, pasaron unas cuantas cosas. Llegamos a Rosario a eso de las 9 de la mañana del martes. Casi sin dormir a eso de las 2 me fuí a trabajar. Un día más, normal. Más relajado después de haber pasado un fin de semana afuera hablamos tranqui, como siempre. Después del trabajo volví al departamento y me fui a dormir.

A dedo cataratas
Cataratas del Iguazú

Dejar, para empezar

El miércoles me desperté más temprano de lo normal. Y recibí un msj : “En que quedo eso de la renuncia”. Al segundo ya lo tenia en la cabeza de nuevo.

Me tomo algo así como 5 minutos y sin haber salido de la cama le mande un mensaje a mi supervisora. Basicamente aclaraba que venia todo bien, pero renunciaba. Intentó muy poco convencerme de lo contrario, creo que fueron 3 mensajes y no más. Me levanté y fui al correo a mandar mi telegrama de renuncia.
Pase a saludar y en una semana tenía todo medianamente acomodado.

Me acuerdo la entrevista de renuncia, me resultó de lo más agradable. Así como me habían preguntado qué era lo que quería hacer desde el primer día que entre ahí la respuesta fue la misma, vengo de un viaje y voy para otro.

İntentando ponerle drama a la cuestión me preguntaron por algunos problemas pero con toda la sinceridad y felicidad le dije:

Me voy porque quiero viajar.

-Pero ¿A dónde? ¿Por cuanto tiempo?

-No se. Voy a armar mi mochila y me voy por ahí, capaz vuelvo, capaz no…

-Que lindo, ojalá pudiera hacer eso…

De golpe el que estaba en mejores condiciones era yo aunque acababa de entrar a una reunión a contar que estaba dejando mi trabajo, en el cual me pagaban bien y donde las condiciones eran buenas. Parecía o se suponía que vendría con un problema.

-Si querés, podes. El tema es que no tendrás tantas ganas. Dije.

– Y bueno, pero el trabajo, y demás.

-Esas son excusas, podes dejarlo irte y listo.

La charla terminó y me fui contento, me desearon buena suerte y que me vaya bien.

La cosa venía preparada de a poquito, una de mis fechas límites de inicio, había sido cuando me llegue el pasaporte. Como un mensaje, el sobre llegó a mi casa una semana después de haber iniciado el trámite.
Acordamos algunas cuestiones del departamento. Deje unas cuantas cosas y con otras (muy pocas) arme la mochila.
Lunes siguiente, ya estaba en la ruta.

Era una idea que traía hacía tiempo, y que se fundamentaba en varias cosas pasadas: otros viajes, lecturas, charlas con gente conocida y unas ganas de moverme de donde estaba que resultaban mas que suficientes para intentarlo.
El condimento principal era que me iba sin fechas. Sin plazos, sin obligaciones, sin nada. Salir al camino y ver que se me ponía adelante.

Primero, a dedo hacia el sur

Fui desde Rosario a la cordillera y en la primera parte recorrí las rutas de Junín y San Martín de los Andes hasta Villa la Angostura. Unos meses atrás había cruzado esa misma zona caminando. Esta vez el camino iba hacia el otro lado.

Estaba haciendo dedo y rápido me levantó alguien. Era una chica que vivía en Meliquina. Me aviso que doblaba enseguida pero se dio cuenta que no me interesaba. Mi camino no estaba en absoluto planeado. Lo confirmó con algunas preguntas y me dijo que si no conocía era una buena ocasión. Que aprovechara para ir que seguro me iba a gustar.
El tramo fue corto pero me dijo algunas cosas que resonaron. Aunque en el momento no sonaron a tanto.

-Se te ve muy feliz.

-Si, hace rato quería hacer esto, estoy haciendo lo que quiero por eso estoy contento. Con lo poco que tengo voy a ver a donde voy y a donde llego.

Nos reímos un poco y me dijo:

-Deberías saber algo, sos muy rico.

Yo me reí, claro.

-De verdad y no es chiste, sos muy rico, poder desprenderse de todo y salir a vivir. Eso es riqueza, no tiene que ver lo que lleves. El que poco lleva no es que tiene poco, sino que es el que menos necesita.

Hablamos un poco más y hoy un poquito más adelante en el camino pienso que importantes son esas frases.
Definitivamente, fue una buena oportunidad: la tarde termino navegando en kayak y acampando a la orilla del Lago Meliquina.

Si te interesa, podes leer:  Aprender a cambiar el ritmo. Udabno, Georgia
A dedo viajando
En Lago Meliquina

Continuando camino

Mi camino a dedo siguió por El Bolsón y Lago Puelo. Era la primera vez que pasaba la línea de Bariloche, hasta el momento lo más al sur que había estado. El clima estaba bien, aunque a veces sentía un poco el frío y el viento empezaba a aparecer.

Tardes enteras caminando lagos, escribiendo, tomando mates, de a poquito empezaba a amigarme con el camino que había tomado. Algún fuego, carpa, algo que es difícil de cambiar si te dan a elegir. Eso se transformó en el dia a dia de esta primera parte en Argentina.

Llegue hasta Esquel, y me instale un rato en Trevelin. Lugares increíbles. Como si fuera un chico, lo único que me interesaba era ir a ver la trochita y subirme a los trenes.

Del Oeste cruce al Este, al Atlántico. Eso que muchos van a reconocer como “la nada misma” por kilómetros y kilómetros. Cruce a la ruta 3 y desde Comodoro Rivadavia bajaría hasta Ushuaia. Tuvimos algún stop de película como el asado que ligue con mi compañero del día en Rio Gallegos.
Ushuaia era la primera meta, el primer punto en el que quería estar.

El Camino se muestra completamente diferente del este otro lado. Ya no hay nieve ni lagos. Las rectas son interminables. Cada tanto ondulaciones y algunos animales. Casas a las perdidas en algún rincón cerca de un cerro. Algunas veces el mar y siempre, siempre, el viento. Viento de verdad, el viento patagónico.

Llegue a Ushuaia y la camine hasta que no pude mas. A partir de ahí, tomar envión. 

A dedo esquel
Visitando Esquel

Bajar para subir, sin saber a donde

a dedo por sudamerica en Ushuaia
Saliendo a dedo de Ushuaia

La ruta me llevó al Sur de Chile, sin querer descubrí Torres del Paine. A decir verdad no tenía idea que existía. Caminar circuitos, acampar en plena montaña, algo realmente increíble en esa parte del mapa.
Volví a entrar en Argentina para Visitar El Calafate y El Chaltén. Dos imperdibles de la región.

El glaciar, imposible de describir y no queda mucho más que decir para el Fitz Roy y sus acompañantes. Continue en dirección norte hasta encontrar paso a la carretera austral chilena.
Largas tardes de espera y atardeceres increíbles siguieron. Pasee por las Capillas de mármol y me sume con los hippies a algunas fiestas regionales en Aysén.
Después de cansarme de ver llover cerca del pacífico volví a nuestra tierra y frene en Bariloche.

Era casi navidad y en ese momento después de dos meses y con planes de seguir, decidí volver a pasar navidad y año nuevo en mi casa. Fue un viaje rápido de fiestas y saludos. El 1 de enero estaba yendo de Arrecifes al norte.

Purmamarca era el casillero que me quedaba por conocer de la quebrada de Humahuaca. Aunque había pasado mucho por ahí nunca había frenado. La primer semana del año 2016 arrancaba en el norte argentino.

A dedo por cerros de colores y desiertos

a dedo en Purmamarca
Purmamarca, Cerro de Siete Colores

Acampé en Salinas Grandes, donde realmente vi alguna especie de fenómeno paranormal además de una de las noches más estrelladas que recuerdo.

Cruce a dedo el Paso de Jama y llegue a San Pedro de Atacama. De nuevo, acampe en el desierto con amaneceres, atardeceres y noches increíbles. Siguieron dunas y lagunas. Calama, Iquique y de ahí a Arica.

Atravesé rapido Perú por la costa, solo pare en Arequipa, İca y Nazca donde para decepción de mis ilusiones, no vi mas que polvo.
Dos pasos anteriores por tierras peruanas me habían dejado pendiente el norte, así que ese era mi objetivo, directo al norte a Máncora.

Ahí me detuve, una pausa necesaria. Para pensar con todo lo que venía encima, cuanto y como. De cómo tenía que seguir y de a poco empezaba a planear mi siguiente escala.

Seguí por  Ecuador. Lo que era viajar por centro- selva, pasó a la costa. Fui desde Salinas a Esmeraldas con el creador de I Love Montañita. Después baje a Quito y me paré en la mitad del mundo.

Después de un par de semanas en Ecuador, cruce a dedo a Colombia por Ipiales.

A dedo en Colombia, Caribe y Cafe

a dedo en Colombia, en isla Baru
En Isla Baru, Colombia

Recorrí Cali y para mi, unas de las partes más bonitas del país: el eje cafetero. Armenia, Salento, Filandia, y Manizales. Valle de Cocora, casas de colores, montañas y mucho café. La humedad te lleva a pasear.

Medellín y pronto a Cartagena, Baru era el otro extremo de mi plan. Quería estar ahí, tirarme en el caribe y ver a los pelícanos pescando, pasar la tarde viendo el sol ponerse y disfrutar de noches increíbles en aguas caribeñas.
Santa Marta fue mi casa por otro rato, cuando me fui, ya conocía a la gente en Rodadero y hasta me sentía de ahí. Minca, Tayrona, otros lugares increíbles del norte colombiano.

En ese momento, la decisión era parar y seguir a Centro América. Los costos para ir a Panamá eran altos y según sabia era difícil intentar continuar camino por “tierra”. Mi buscador apuntó para otro lado y ahí selle para donde seguía el camino. Ticket a Lisboa desde Foz do Iguazú, en Septiembre.

No solo tenía que volver a mi casa si no que en el medio tenía muchas cosas por ver y acomodar el tiempo para lo que seguiría.

 Empezar a volver

A pesar de muchos dichos fui a Venezuela. Mi siguiente punto era Canaima, quería ir al monte Roraima como fuera. Después de moverme un poco por el país llegue a mi destino. Los dioses tal vez no querrían que los visite, porque había que abonar unos cuanto billetes para poder entrar.
Ante todo, y como muchas otras veces en Venezuela me indigne, mucho. Estar tan cerca y quedar tan lejos…
Con muchas excusas el guía solamente quería dólares, que claramente no había. Tenía algunos bolívares y se los ofrecí a todos a cambio de ir, como sea, no me importaba estar en 0.

Mi Propósito era ese, pero La cuenta no fue aprobada desde arriba seguramente y tuve que ver como Roraima se hacía chiquito desde la caja de una camioneta y quedaba para alguna otra vez.

En general Venezuela fue uno de los lugares más complicados por los que pase. No la pase tan mal, pero la situación social se presentaba critica. La policía controlando y adueñándose de algunas cosas. No consideré que fuera un buen momento para recorrer para mi gusto. No me sentía del todo convencido y era más que buena señal para ir a otro lado. Así fue. Salí de Venezuela y me dirigía a Brasil.

Sin plata, ¿Y ahora?

Venezuela me costo mas de lo que cualquiera pueda imaginar. Así que llegue a este punto del camino con 20 dólares. Si, 20, ni más ni menos. Un solo billete, sin tarjetas de ningún tipo. Tenía que ver como rebuscarmelas para seguir.
C
on algo de comida en la mochila, que conseguí en la frontera, baje a Boa vista. Estaba demasiado cerca de las Guyanas como para evitar que mis pasos vayan por ahí.

Viajar a dedo en Guyanas, una obligación

A dedo en Guyana
A dedo en Guyana

El clima siguió cambiando. Todo empezó a crecer y a estar verde. Arboles inmensos, más verde, animales. Estaba en el amazonas.
Entre en Guyana desde Bonfim en Brasil. Contra todos los pronósticos de los locales que avisaban que solo había un bus nocturno, recorrí desde Lethem a Georgetown por el medio de la selva en un camión, en una hamaca en la parte de atrás.

Fuí huesped en unas aldeas, y todos se alegraban de verme. En Guyana todos sonreían y la comida picaba mucho. Era la semana del 50 aniversario del pais, tenian motivos de festejo.

Ya empezaba a ver el conjunto de detalles: clima tropical, selva amazónica, construcciones inglesas de madera y población negra, comunidades de la india, comida extremadamente picante y un idioma complicado me hacían dar cuenta que estaba en un lugar distinto.

Después de visitar Georgetown, llegue a Skeldon. Dormí dos noches esperando que el ferry me deje subir para seguir mi camino.

Surinam, otro “otro mundo”

Un idioma incomprensible y gente libre y feliz en las calles. Cada uno con su cultura y su religión, todos viviendo en la misma tierra. Paré en Nickerie y en Paramaribo. Por viajar a dedo me cruce con Maureen, eso facilito muchísimo las cosas. Fui a la selva en Brownsberg y me sentí parte de su casa por casi 15 días. Desde ahí a continúe hasta Albina para cruzar a Guyana francesa. Estuve en Saint Lauren, Maná, Kourou, Cayenne y Cacao. Fueron casi 35 días en total.

Cruzar las Guyanas era algo que quería hacer. Estando tan cerca, lo sentía una obligación. Parecía imposible, incluso estando ahí. Desde el momento que cruce esa frontera de Brasil sabia que iba a costar. Costó pero fue increíble. Una parte del camino completamente diferente. Caminos, gente, cultura, idiomas, comidas. Las Guyanas son un universo paralelo en el norte del sur. La pluricultural américa del sur.

El Amazonas y la lluvia

Otra vez en Brasil la temporada de lluvias se hacía notar. Baje desde Clevelandia a Macapá en un camino casi inexistente. Desde ahí en barco por el Río Amazonas, otro de esos viajes que aparecen en la lista de deseos de los aventureros. Llegue a Santarem, fui a Alter do chao, supuestamente, la playa de rio mas linda del mundo.

Con autos y camiones cruce de punta a punta Matto Grosso y aunque lo sabia, fue bastante sorpresa ver que ahi no queda ni un solo árbol en pie.

Entre en Paraguay por Guaira. En este momento me despedí de mis zapatillas. Me costó largarlas pero no daban mas, así que ahí quedaron después de tanto andar, duermen entre Brasil y Paraguay.  Seguí mi cruce por varios pueblitos Guaraníes hasta Encarnación.

Regresar, para seguir

A dedo en Paraguay
El invierno empezaba a sentirse en Paraguay

La idea era continuar y pasar por Uruguay, pero el clima no ayudaba. Hacía frío. Ya lo sentía y lo que quedaba de mi ropa era de verano. Baje desde Posadas, a la ruta 14 y de ahí a Buenos Aires otra vez.
El último transporte que me llevo de Pergamino a Arrecifes casi a modo de encomienda, era del Correo Argentino.
Llovía y hacia frío. Cuando llegue a casa nadie sabia, pero mi mama había comprado alfajores Capitan del espacio. Terminaba julio.

A dedo inspiraciones viajeras
Inspiraciones Viajeras

Ya con nuevo destino en los planes, reorganizar, descansar y disfrutar en el lugar que elegí para frenar, y donde en ese momento quería estar: mi casa. Ah, y esos 20 dólares, siguen por ahí guardados entre las hojas de un libro.

Hoy más de un año después de escribirlo, y a dos de haberlo iniciado me sorprendo cuando releo y recuerdo por donde andaba, que hacía y que lejos estaba de imaginar tantas cosas. Ahora somos dos. En este momento escribimos desde Turquía, y claro que el viaje sigue en autostop.

Y de verdad, esos 20 dólares siguen viajando conmigo.

 
Si te interesa, podes leer:  Al Norte

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4 Responses

    • Gracias amigo! ya vamos a ir agregando un par de cosas y en algun momento le daremos un rincon al noroeste bonaerense, no nos pierda el rastro. Abrazo grande!

  • Buena travesía amigo!! Yo quiero emprender una aventura similar, salir desde Venezuela hasta Argentina por Brasil haciendo autostop (llegar a la Tierra del Fuego!!). Pero, a decir verdad, me da un poco de miedo atravesar a pie el Amazonas, pues es una selva y los animales salvajes pueden hacerme trizas si me quedo en carpa por ahí. ¿Crees que sea así de peligroso o yo me estoy haciendo una imagen de filme de horror? jejeje
    Saludos cordiales.

    • Hola Cesar! A salir a la aventura nomas! Es un largo camino pero con mucho por ver y totalmente realizable. Con respecto a la selva en mi experiencia he aprendido que los verdaderos peligros son esos, animales salvajes que nada tienen que ver con las ciudades y la “mala gente”. A veces desconocemos y se nos da por ir en la selva, tal vez no pase nada pero es mejor prevenirlo.
      En Surinam me lo dijeron muy claro “cuidado donde pisas, esto es la selva”. A partir de ahi empece a creerlo mas seriamente. Creo que es muy interesante de hacer pero mejor hacerlo con precaucion.
      Una vez que estes en camino sera cuestion de tiempo para que llegues hasta el fin del mundo!
      Abrazo grande!

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